Por qué lo llaman ‘el arte de ligar’ cuando es violencia de género

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Los gurús de la seducción venden a los hombres técnicas para “ligar” que se apoyan en la dominación masculina y en la manipulación emocional de las mujeres. Las investigaciones españolas sobre misoginia digital muestran que estos discursos están normalizando comportamientos vinculados a la violencia de género entre los jóvenes.

Los pick-up artists (PUA) —literalmente, “artistas de la seducción”— se presentan en red como expertos adiestradores sobre cómo triunfar con las mujeres . Pero sobre los métodos, lejos de promover vínculos sanos y seguros, reproducen patrones de cosificación, control y presión sexual que la literatura académica identifica como formas de violencia de género. 

La manosfera -el entramado digital en el que conviven comunidades masculinistas como los incilos o los red pillers- ha sido descrita por las investigadoras García-Mingo y Díaz-Fernández como espacio que difunda discursos misóginos y antifeministas. En ese ecosistema, los PUA se han consolidado como una de las puertas de entrada más eficaces: convierten la desigualdad en un método y la violencia contra las mujeres en una estrategia.

Cuando se analizan las estrategias difundidas por la manosfera para acercarse, conocer y ligar con mujeres, se viene claramente que estos gurús de la seducción enseñan tácticas invasivas y violentas contra ellas como la “persistencia” frente a un no, interpretar cualquier límite como un “reto”, aplicar negging -comentarios hirientes o irónicos los hombres. Investigadoras como Lacalle, García-Mingo o Lorca han mostrado cómo estas técnicas comparten elementos básicos con la violencia psicológica: cosificación, deshumanización, desconfianza persistente, manipulación emocional y coacción.

La difusión de estos contenidos es especialmente intensa entre chicos jóvenes. La investigación coordinada por Boneta-Sádaba, García-Mingo y Tomás-Forte sobre negacionismo de la violencia de género en entornos digitales evidencia que un porcentaje creciente de adolescentes sostiene que “la violencia de género no existe” o que “las mujeres exageran”. Este imaginario —alimentado por TikTok, YouTube y foros masculinizados— refuerza la idea de que las relaciones deben basarse en jerarquía, insistencia y dominio. Los estudios de la manosfera llevados a cabo en nuestro país confirman que estas plataformas actúan como espacios de socialización donde los jóvenes aprenden, imitan y normalizan estos discursos y estrategias.

L0s datos muestran el impacto de la manosfera y de los discursos misóginos en los chicos jóvenes. Más de la mitad cree que “las mujeres denuncian en falso”, uno de cada cinco niega directamente la existencia de la violencia de género y casi un tercio piensa que las mujeres “exageran”. Estas creencias, documentadas en el Barómetro Juventud y Género, son un terreno fértil para discursos como los PUA, que trivializan los límites, niegan el consentimiento y refuerzan la desigualdad.

El mensaje de los PUA no sólo impacta en la percepción que los chicos tienen de las relaciones, sino también en cómo entienden el consentimiento, los límites y el respeto. Técnicas como “romper resistencia”, “escalar físicamente” o “marcar el marco” presentan la presión y la insistencia como comportamientos legítimos. Bajo la apariencia de consejos para ligar, lo que proponen son dinámicas que coinciden con patrones reconocidos de violencia emocional y coercitiva dentro de la pareja. Al convertirlas en un juego o en un indicador de éxito masculino, trivializan la desigualdad y desplazan la responsabilidad hacia las mujeres, que aparecen como sospechosas, manipuladoras o siempre evaluando al hombre.

El auge de estos discursos en red social ha contribuido a que muchos adolescentes interioricen una visión de las relaciones donde el consentimiento es negociable, la confianza es debilidad y la dominación es una forma de validación masculina. Llamar a todo esto “el arte de ligar” encubre su verdadera naturaleza: son prácticas que transmiten desigualdad, refuerzan estereotipos misóginos y reproducen comportamientos directamente vinculados a la violencia de género.

 

 

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